Una de las máximas que se pide a cualquier persona que trabaje de cara al público es que siempre sea lo más amable posible y sonría todo lo que pueda. No importa que tu vida no tenga sentido o que nadie te quiera, lo importante es estar radiante. Supongo que esto es perfectamente aplicable al mundo del cine. Puedes estar hablando de los acontecimientos más brutales jamás contados, pero si lo haces desde la elegancia, la naturalidad y la belleza conseguirás un producto casi tan bonito como Casablanca.
Belleza brutal
Vals con Bashir cuenta la historia de la guerra del Líbano desde la perspectiva de dos soldados israelíes que se encuentran años después de que la guerra haya terminado. Uno de ellos, Booz Rein-Buksila, le cuenta a su compañero Ari Folman que sufre pesadillas en las que le persiguen 26 perros. Ambos llegan a la conclusión que dicha pesadilla viene provocada por algo que hicieron durante la guerra y que no recuerdan. Se inicia así el viaje de los protagonistas en busca de la verdad desconocida, una verdad que no les será del todo agradable. Una verdad que puede colocarles en un lugar que les incomode.
Esta película es un ejercicio artístico que reúne las tres características citadas anteriormente: elegancia, naturalidad y belleza. La brutalidad de los acontecimientos narrados (basados en hechos reales), choca con la elegancia estética y la belleza artística con que han sido llevados a la pantalla por parte del director Ari Folman y todo su equipo artístico.
Realidad dibujada
Puede que la crudeza que se respira en este relato venga provocada por ser un documental autobiográfico en el que la mayoría de personajes que aparecen se interpretan a ellos mismos. El realismo hiere y provoca que haya ciertas escenas que se te queden grabadas por su dureza.
La realización de esta película se asemeja a la técnica utilizada para crear Una mirada a la oscuridad, pero no llega a su calidad. El film se podría relacionar con la estética creada en la serie de ficción animada Archer, pero utiliza tonos mucho más oscuros para aportar un toque derrotista al relato.
Vals con Bashir es todo un ejercicio de estilo que sirve para reflejar la dualidad de la mente humana; capaz de, por un lado, provocar guerras como la de la película y, por otro, encontrar métodos tan bellos como este para contarlas.
