Escrito por Gonzalo Martinez / 11 de mayo de 2011

Cine como terapia

Hay varios motivos por los cuales embarcarte en la realización de una película. Puede ser porque tengas una gran idea, o porque quieras forrarte vendiendo porquerías azucaradas para adolescentes, o bien porque te lo ha recomendado tu psicoanalista.
Yo, si tuviera que escoger alguna razón no sabría por cual decantarme; lo que sí tengo bien claro es que Woody Allen hace películas por prescripción médica.

Genio enfermo

El cine del director es el instrumento perfecto para sacar fuera todos sus problemas y dudas mentales, la mayoría de las cuales giran en torno a la existencia del sexo opuesto. Películas como Scoop, Match Point, Melinda y Melinda o Annie Hall son ejemplos que sirven para mostrar la complicación que supone para el director encarar cualquier tipo de relación con las mujeres.
La mayoría de sus cintas se basan en esta temática; no obstante, esto no limita el buen nivel argumental de muchas de sus obras, algunas de las cuales bucean entre géneros como el drama, el humor negro, el falso documental o el cine de acción (evidentemente no al estilo Steven Seagal) saliendo muy bien paradas.
Woody Allen es un tipo peculiar por, entre otras muchas cosas, su manera de trabajar. La figura del cineasta ha sido caricaturizada hasta la saciedad en programas como The Simpsons o Family Guy sin apenas conseguir inmutar al director.

Ego en pantalla

Yo no soy muy partidario de convertir al realizador de una película en el protagonista de la misma, pero Woody no concibe una sola producción sin esta fórmula. El problema es que los personajes que interpreta son muy limitados; es decir, son pobres flacuchos perdedores en busca del amor de su vida. Nada de Romeos, ni crueles criminales, ni siquiera un pobre bibliotecario (personaje con el que casaría a la perfección)
El director posee sus propios fetiches, ejemplificados en la elección de las actrices de sus películas (algo parecido a la obsesión de Alfred Hitchcock con las rubias). Si en su primera etapa era Diane Keaton la elegida para protagonizar la mayoría de sus largos, en sus últimas producciones es la exuberante Scarlett Johansson la elegida para ponerse en frente de la cámara. Mal gusto no tiene.
Así que es momento de disfrutar de la filmografía de un director/actor/guionista que hace películas con un único objetivo, que le quieran. Seguro que muchos nos hemos sentido como él en algún momento de nuestra vida.

2 Comentarios to “Cine como terapia”

  1. [...] No obstante, no hay que olvidar que es la cadena más vista por los americanos. Con un fuerte catalogo de comedias renovado (How I Met Your Mother, The Big Bang Theory y Dos Hombres y Medio) y sus joyas brillando más que [...]

  2. [...] sabe si vida del creador de la serie, tropieza una y otra vez en la torpeza de su propio ser. El flacucho, enclenque y débil prototipo interpretado por Woody Allen es el símil más certero para explicar cómo es nuestro protagonista (con todo lo que parecerse al [...]