Escrito por Gonzalo Martinez / 26 de abril de 2011

Premios y decepciones

El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Este refrán va como anillo al dedo para resumir mis experiencias con algunas películas. Reconozco que el culpable soy yo, debido a la facilidad con la que me dejo engatusar por los premios que recibe un film.
Cuando topo con alguna cinta que ha sido premiada de manera casi unánime me froto las manos pensando que estoy a punto de ver la nueva Senderos de Gloria.

Premios

Desgraciadamente, pocas veces salgo convencido de que esto es así y en la mayoría de ocasiones vuelvo a utilizar el topicazo de : “no es para tanto”. Tal y como os podréis imaginar, con Pa Negre no iba a ser una excepción.
No quiero decir con esto que Pan Negro sea una mala película, pero ni de lejos es una historia merecedora de llevarse 9 premios Goya. De hecho, pienso que la cantidad de premios que ha acumulado son más por la falta de competencia decente que por sus propios méritos.
Seguramente este comentario pueda dar pie a los malpensados que creerán que digo esto porque es una película en catalán. No os confundáis amigos, a mi el nacionalismo me importa lo mismo que nuestro próximo representante en Eurovisión. Cuando se trata de cine, el patriotismo es una lacra.
La película narra la historia de un pequeño pueblo en Cataluña pocos meses despúes de la derrota republicana en la Guerra Civil. Andreu (Francesc Colomer) es un niño que descubre los cadáveres de un padre y su hijo muertos en el ataque realizado por un desconocido. Debido a cuestiones políticas Farriol (Roger Casamajor), el padre de Andreu, es acusado como posible asesino. Comienza así la investigación del niño para encontrar al verdadero verdugo.

Decepciones

Pa Negre es una historia gris, casi en todas sus acepciones. Bajo un gran trabajo de producción, reflejado en el vestuario y decorados de la cinta, se esconde una película que no termina de conectar con el espectador. Quizá la culpa de esto sea debido a la espectacular primera escena del film, la cual pone el pabellón tan alto que es imposible superarlo; de ahí que, a partir de ese momento, vaya todo en caída libre. Ni las actuaciones convencen ni el final agrada, aunque sí es cierto que el sabor amargo con el que te deja es, cuanto menos, resolutivo.