El “Camino” a los Goya

Qué mejor manera de inaugurar web que con la XXIII Edición de los Premios Goya. Una gala llena de emoción para todos aquellos que se esfuerzan por buscar un hueco en los multicines plagados de películas norteamericanas.

Difícil de comprender en ocasiones, los largometrajes españoles gozan de una calidad inmejorable, a pesar de que aún se escuchen frases del tipo “A mi es que el cine español no me interesa nada”. Generalmente los que pronuncian estas afirmaciones se quedaron en el cine de Esteso y Pajares –muy respetable, pero lejos de lo que tenemos ahora–.

Este año hemos podido disfrutar de auténticas joyas como Camino, Los Girasoles Ciegos, El juego del ahorcado, Los crímenes de Oxford y un largo etcétera.

Tal vez los espectadores que se niegan a pagar por ver “cine patrio” son gente que no quiere pensar, y el secreto de nuestro cine, es precisamente ese –“Torrentes” a un lado– largometrajes que no dejan indiferente a nadie, que remueven conciencias, pero sobre todo, que consiguen emocionar.

Este año ha triunfado Camino que, polémicas aparte, es una de las películas más hermosas que se han rodado en España en los últimos años. Dura, muy dura, Camino consigue generar una congoja en el espectador como pocas, a la vez que provoca un sentimiento de ternura y ensoñación.

Javier Fesser se arriesgó con Camino, apostó fuerte y ganó. Le llovieron críticas y halagos casi en los mismos porcentajes, sin embargo, el director nunca se dejó influenciar por ninguno de ellos y defendió a capa y espada el verdadero sentido de su historia.

Carme Elías se llevó el premio a la mejor actriz, el más merecido sin duda, volviendo a dejar a la extraordinaria Maribel Verdú compuesta y sin Goya. Y es que no siempre llueve al gusto de todos, aunque en esta ocasión cualquiera de los que haya disfrutado o sufrido con Camino estará de acuerdo en que todas sus nominaciones eran más que merecidas.

Dejando a un lado la superficialidad que suele acompañar a este tipo de galas, resultó especialmente conmovedor la aparición de Jesús Franco recogiendo el Goya de Honor, con un discurso en el que animaba a los jóvenes que sueñan con que sus cortos algún día se conviertan en largos. En el capítulo más reseñable de la gala también debe recogerse la reivindicación de “El Langui” por un mundo sin barreras arquitectónicas al recoger sus dos Goya y especialmente, el momento en el que Nerea Camacho, protagonista de Camino, inundó el Palacio de Congresos con sus inocentes lágrimas de emoción, las mismas con las que llenamos los cines aquellos que nos acercamos para verla en la gran pantalla.

Los que no hayan tenido la oportunidad de verla podrán hacerlo ahora que, tras ganar el premio de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, será de nuevo protagonista en las multisalas, mal que le pese a muchos.

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