Se estrenó hace algunos meses, pero como siempre al no ser una superproducción pasó sin pena ni gloria… Aún quedan cines donde puede verse ¿Queréis saber si merece la pena? Seguir leyendo:
Emmanuel y Philippe forman la pareja ideal, de ensueño, se adoran y se llevan bien… Aunque tal vez no por encima de todas las cosas. Llega el momento en el que Emmanuel siente el deseo y la necesidad de ser padre, a pesar de la oposición de Philippe. Arriesgándose a romper la relación, sigue adelante. Pero, ¿de qué manera podrá tener un hijo siendo gay?
Una película con esta temática podría caerán los topicazos, en el chiste fácil o en los estereotipos. Sin embargo, nos encontramos con una película encantadora, divertida, ágil, excelente y sencillamente redonda.
Dificultades por el camino
Vicent Garenq dirige, magistralmente, un film con una temática que aun levanta ampollas en ciertos sectores de la sociedad. A Garenq le surgió la idea del guión después de hablar con un amigo de la infancia que estaba viviendo una historia parecida a la que se cuenta en la película. Manu (Lambert Wilson) es un pediatra que a diario ve crecer su necesidad de ser padre y que se encuentra con la oposición de su pareja Philippe (Pascal Elbé) que, a diferencia de él, no tiene ninguna intención de ser padre.
Como casi cualquier pareja en la que existe un desencuentro de este tipo, la situación se hace insostenible y deciden acabar con su relación.
Deseo perturbador
Es en ese momento cuando Manu recuerda que, días atrás, ha conocido a una mujer, Fina (Pilar López de Ayala), que tal vez pueda ayudarle a cumplir su sueño de ser padre. Es entonces cuando la película narra los diferentes tipos de amor que pueden producirse. Una película de sentimientos profundos, donde la superficialidad no cabe, donde las múltiples formas de amor que aparecen y que unen a Manu y Philippe, a Manu y Fina, en ocasiones pasan por el deseo. Vicent Garenq siguió el modelo de una pareja heterosexual. Manu desea tener un hijo ‘como una mujer’ tiene mucho encanto para un hombre. Cuando Manu y Philippe acogen a su hijo, es un momento muy poético, incluso diría que turbador.
Manu ha llegado hasta el final de una búsqueda imposible, guiado por su voluntad. El espectador le acepta como padre de ese niño, aunque él no lo ha engendrado, ‘solo’ lo ha deseado”. Todos estos sentimientos y deseos son bañados por el humor a lo largo de toda la película, donde el papel de la amiga cuarentona soltera es, también, una de las claves de la diversión, Kathy (Anne Brochet), un personaje burlesco muy habitual en el
cine francés.
Una película de las que al salir del cine después de haber reído y llorado, aún quedan momentos para la reflexión.
Si no conseguís “pillarla en las salas” no perdáis la oportunidad de verla en DVD…
