Escrito por Rafa / 15 de junio de 2009

EnfrentaDos: Brokeback Mountain vs Crash

“En lo que miramos hay una parte que nos mira”. A través de los ojos de un país que esconde tanto como enseña, se descubre una tierna y pausada historia de amor entre dos hombres, entre dos formas de amar, entre los ojos y la razón, el corazón y la palabra.

Ang Lee, atrapa lentamente, con pocas palabras y una sensual fotografía, el amor puro de dos sólidos personajes, Ennis y Jack.

La historia que ha llegado a ser

Esa delicada reconstrucción a la que se someten ambos protagonistas, refleja un trabajo de intenciones por parte de un equipo artístico, que dirige sus esfuerzos a tratar desde la admiración modos de hacer personajes virtuosos más allá de una condición, algo que ya mostraron otros trabajos anteriores como Boys don´t cry, Dioses y Monstruos, Antes que anochezca o Fresa y Chocolate.

Las miradas, las no miradas, las sonrisas, el roce, ese lenguaje del gesto que hace que las palabras tan solo acompañen, constituyen la base en donde nacerá y crecerá esta soterrada relación. Siguiendo algunas de las pautas del formalismo cinematográfico del western: pastores-cowboys de registro congelado en el tiempo, duro, difícil, solitario, apenas alegre, y clavado en poses reconocidas, Ang Lee consigue desenfocar prejuicios sobre la temática y sobre el género.

El director cuenta de forma templada como sobrevive el amor al paso del tiempo, ni más ni menos. Para ello, emplea una cuidada puesta en escena, un tiempo que va transcurriendo entre encuentros y desencuentros, y unos lugares y unas pieles propios de un heredado emblema nacional,“nada que ver, para creer en todo”.

A expensas de un futuro incierto

El amable cuento de amor que Ang Lee recrea, espía sobre temas alejados del gran público; busca sin querer reacciones naturales desde el reposado prejuicio del espectador, y encuentra, risas, palabras, y espasmos. Hoy en día, el cine mal denominado gay, es un mercado-gueto, que en contadas excepciones sobresale de esas barreras comerciales, alentando a los esperanzados y confundiendo a los estancados, para describir historias oscuras, secundarias o simplemente extravagantes.

Ang Lee evitó retratar y usar ese concepto que une lo gay a lo raro, a lo extraño, haciéndolo de una forma sencilla y cercana en su recomendada el Banquete de bodas, y ahora lo vuelve a mostrar en Brokeback Mountain. Desde la sutileza, desde la necesaria normalidad, va descubriendo la historia de amor de dos vaqueros, Ennis del Mar y Jack Twist, que no es más que una historia de amor, una apacible y desgarradora historia de amor.

Queda esperar que las diferencias, ya sean por condición sexual, por género, estrato social o por nuevos patrones de belleza, dejen de interesar tan solo a guetos y se acerquen al resto del público,
sensibilizando y abriendo nuevas calidades de entretenimiento real.