LOL o los dramas de la adolescencia

Las comedias francesas siempre han tenido bastante éxito, sobre todo en su país. Es un género que se ha exportado mucho por Europa dada la idiosincrasia del peculiar sentido del género que tienen en el país vecino. Con LOL, en cambio, se nos presenta una comedia con tintes más modernos, más cercanos al cine norteamericano para adolescentes que no pierde un ápice de calidad ni de la referencia de su cine.

El cine de comedia suele tener éxito entre el público de las butacas de cine, pero a la hora de recibir la crítica del ojo experto, sufre los golpes producto de no ser del agrado del mismo. LOL no responde a este patrón, ya que ha sido un éxito de taquilla en Francia (y lo está siendo en buena parte de Europa) y además ha recibido el favor de los críticos, que han visto en ella una comedia fresca de adolescentes pero también para los que los tienen que soportar.

Cuando la vida no es un drama

La directora, Lisa Azuelos, nos presenta un clásico en pantalla: una chica adolescente que vive en ese limbo que te aporta una edad en la que la vida es un limbo entre la felicidad y el drama más absoluto. Uno de esos dramas se representa en otro clásico, la relación con su madre. Lola vive con su madre (Sophie Marceau), divorciada del padre, y sus dos hermanos pequeños. Como toda madre, trata de ordenar y en parte dirigir la vida de su adolescente hija según los cánones que ella considera que deben ser.

El problema es la visión desde la madurez de lo que hace tu hija; pierdes la mirada infantil, la referencia de lo que hiciste y fuiste, para hacer lo que a su edad te hubiese repateado que te hiciesen. Vamos, el eterno papel y el dilema moral.

Uno de los triunfos de la película es narrar la adolescencia de Lola desde un punto cercano pero a la vez próximo a su edad. Lo suficientemente alejado como para no ver un drama y con la cercanía suficiente como para entender su particular prisma. Así, de los “dramas” propios de la adolescencia se nos da una visión de pájaro, desde arriba, desde donde todo se ve como una etapa más de la vida; y los problemas reales, como las grietas de la relación maternofilial, posando la mano sobre el hombro de una Sophie Marceau desolada frente a la pantalla del ordenador.

Y todo regado con las tecnologías que son parte de las nuevas generaciones, como el móvil y el chat, los primeros acercamientos al sexo, las drogas y el alcohol, también desde un punto alejado de toda crítica y dramatismo, y la presencia de un elemento atemporal como es el diario escrito y escondido en el armario de una chica. Este último, con un protagonismo especial en la película.

Adiós a las limitaciones del género

A muchos les echará para atrás el que sea una comedia de adolescentes, y más con los ejemplos generales que se nos presentan de vez en cuando tanto en el cine como en la televisión. Por suerte, LOL se escapa un poco de la línea marcada por las últimas películas de adolescentes y se convierte en un producto que no sólo podrán degustar los quinceañeros para verse reflejado en ella.

Tanto las madres como los padres, e incluso aquellos que ya han pasado cualquiera de las dos etapas (o ambas) representadas en la película son carne de cañón para acudir a ver la película. Bueno, y todo el que quiera pasar un buen rato desdramatizando los dramas de la pubertad.

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