2012, más basura ‘pa’ nuestros ojos

Noviembre 26th, 2009 by Rafa

Renegar del cine es un sentimiento que muy pocas figuras del cine son capaces de generar. Un mérito que por otro lado les da demasiado relieve.

Entre esas vergonzosas criaturas se encuentra uno de esos directores sin oficio pero con mucho beneficio llamado Roland Emmerich. El promotor de horrendas aventuras cinematográficas como 10000 b.c., El día de mañana o Indepence Day, ha vuelto a la carga con algo aún más patético si cabe, ‘2012′.


I Love Cine de Catástrofes

Como entusiasmado del cine de catástrofes, cualquiera de las bazofias-emmerich tiene imágenes que quitan el hipo, ya sea el Empire State Building reventando, los mamuts correteando o Nueva York inundada, pero debido al vacío que existe en el resto de áreas: guión, personajes, dirección de actores, calidad narrativa,…, al final, esas portentosas imágenes no compensan el mal trago.

Con esta nueva entrega cae en los mismo fallos que las anteriores, pero como es más ‘a lo grande’, pues se ven más. Los efectos son espectaculares, la carrera, primero en coche y luego en avioneta, de los protagonistas mientras escapan de una ciudad que explota por todos sus poros, es increíble. Qué ocurre después, pues más de lo mismo, y encima con un heroico presidente de los EEUU, y la explotación y el mantenimiento de estereotipos de la peor clase.

El concepto de mujer y de familia que maneja es hiriente por simplón, además la idea que tiene de héroe resulta tonta y trasnochada. El discurso final que hace despertar el corazoncito de todos los presentes provoca más vergüenza ajena que otra cosa.

Querer no es poder

Es evidente que la intención del director no es hacer la mejor película de la historia, sólo quiere que la gente se lo pase bien y punto, pero hasta para eso es necesario que se tenga cierto respeto por el lenguaje que se está empleando, en este caso el del cine, además de respeto hacia esa gente que irá a disfrutar del show, no tratarla de retrasada, y un poco de respeto hacia uno mismo.


Cuando quiso remover conciencias con El Día de Mañana, soltando un discurso sobre lo malos que somos con el planeta, lo único que consiguió o quiso conseguir fue justificar el argumento de su espectáculo. Cero intención social. Ahora la cuestión es averiguar si realmente tiene el propósito de hacerlo, o es que simplemente no quiere, pero decirlo vende, o es que no tiene la capacidad mental y artística para llevarlo a cabo.

Eso dependerá de los gustos del público, aquel que lo aprecie lo verá del primer modo, y aquel que lo aborrezca cederá a la segunda explicación. Sea lo que sea, Roland estará entre nosotros por mucho tiempo, así que tendremos nuevas oportunidades para ‘disfrutarlo’ y criticarlo. Hasta ese entonces descansad hacedores de apocalipsis


Alternativas Romanticonas 2009

Octubre 27th, 2009 by Rafa

A pesar de recibir con agua fría la película revelación de la temporada 500 días con Summer (o contigo), este film de amor rescata la idea de tan manida por otros del amor imperfecto.

Con una factura cercana a la comedieta americana típica de Sandra, Drew o Julia, se desmarca intentando parecer alternativa gracias al juego del tiempo, a los encuentros desafortunados, a los chistes irreverentes y a las atrayentes caras de los protagonistas: la magnífica sonrisa de un muchacho que se parece demasiado a Heath Ledger y los imperturbables ojazos de una morena demasiado estirada.

Sam Mendes por todo lo alto

En breve, recibiremos otra comedia romántica, pero que aunque juega en la misma liga que en la anterior parece supurar cine de peso: carismático, simple y con olor a pura inocencia. Away we go o Un lugar donde quedarse es la nueva película del gran director Sam Mendes, director de American Beauty o Camino a la perdición, y que desde la experiencia de esas obras maestras nos describe una sencilla historia de amor consumado, mejor dicho una historia de alguienes que buscan su sitio.

Lo de sencillo es por común no por fácil de tratar. Este tema de la búsqueda de uno mismo, de su lugar en el mundo, ha sido evocado en miles de ocasiones a través de todos los géneros existentes con más o menos fortuna.

Con Away we go se perfila desde el lado más suave, tierno y consistente. Los actores prototípicos que rodean a la pareja protagonista rellenan a la perfección las esquinas de esa bonita relación en la que terminamos por colarnos.

Las atracciones del pasado y la pesada Vardalos

Después de esta vendrá Adventureland, en donde disfrutaremos de un verano maravilloso de 1987 de la mano del director de Supersalidos, Greg Mottola que se decide por contar una historia de amor entre dos patosos sociales que trabajan en un parque de atracciones.

La bella Kristen Stewart aún resiste el maremágnum de Crepúsculo marcándose un agradable papel alejado de su pequeño rol de estrella. Con una ambientación destacable y unos personajes entrañables, la historia funciona, se cuela en el ojo y pasas un buen rato.

Este año también se estrenó otra comedieta de esas que intentan parecer originales, diferentes en esencia, pero que caen en los mismos y tramposos agujeros del romance de pastel y flor.

Hablo de la nueva película de Nia Vardalos, después del bodrio de Mi vida en ruinas, nos trae un film escrito, dirigido e interpretado por ella misma: I hate Valentine’s day o lo que es lo mismo ‘Con el amor no hay quien pueda’.

Aunque consigue subir un poco el listón de calidad de su anterior aventura cinematográfica, la cosa flojea demasiado por el uso indiscriminado de tópicos y por caer en aquello en lo que reniega desde el principio. A pesar de eso, el código del buen amor que se dedica a predicar entre sus desquiciados amigos resulta curioso y hasta divertido.



Entre esta amalgama de fotogramas me quedo con varias cosas: el viaje de la bella pareja de Mendes, la sonrisa del muchacho estacional, la belleza ochentera de la Stewart y la teoría de Vardalos de las cinco citas para ser feliz por siempre jamás. Eso si, hay que tener cuidado con el exceso de azúcar.

En una estación cualquiera

Septiembre 1st, 2009 by Paula Cid

‘Estación Central de Brasil’ es un largometraje brasileño dirigido por Walter Salles en 1998. Una película sobre una temática muy dura que consiguió una gran acogida entre los críticos internacionales. Se alzó, ese mismo año, con varios prestigiosos premios.

Uno de ellos fue el Oso de Oro de Berlín en la categoría de Mejor película. También, el Oso de Plata a la mejor actriz para Fernanda Montenegro, quién interpreta en la película a Dora. En el En nuestro Festival de cine de San Sebastián se alzó con el Premio del Público. Premio de la juventud.

Dora y Josué dos personas destinadas a conocerse

En los agobiantes pasillos repletos de gente con prisa de la Estación Central de Brasil una antigua profesora, llamada Dora (Fernanda Montenegro), se gana la vida con un pequeño puesto en el que escribe cartas que le dictan las personas analfabetas.

Ella únicamente escribe lo que le dicen y cobra por mandarlas. Pero, en realidad, las cartas nunca llegan a su destino ya que Dora, endurecida por la soledad en la que vive no siente nada más que indiferencia ante sus clientes, quienes no saben que las acumula para quedarse con el dinero.

Pero un día todo cambia. Una mujer que le había pedido escribir una carta muere atropellada a la salida de la estación y Dora se le en la obligación de hacerse cargo de su hijo huérfano. Promete llevar a Josué (Vinicius de Oliveira) con su padre, que vive en una zona perdida en el nordeste del país, ya que es demasiado peligroso que el niño viaje solo.

Desde el primer momento Dora y Josué se odian, pero no tienen más remedio que permanecer juntos si quieren sobrevivir. A medida que el viaje avanza, se van adentrando en tierras desconocidas y los dos personajes van superando sus diferencias para acercarse el uno al otro, y a sí mismos.

Una crítica social

‘Estación Central de Brasil’ es un largometraje con un gran contenido de crítica social. Con ella, se pretende enseñar al mundo la pésima situación en la que se encuentran muchos menores en aquel gran país sudamericano y el subdesarrollo que sufre en muchos aspectos su sociedad.

Una película muy dura pero tierna a la vez, donde los dos protagonistas se sienten igual de perdidos en el mundo. Recomendamos desde aquí verla, ya que es una buena forma de conocer las injusticias que sufren en otros lugares del mundo. Todo un peliculón.

Un género clásico, el musical

Agosto 30th, 2009 by Mauro Picatoste

El género musical fue uno de los más explotados en Hollywood en el siglo XX, pero durante unas décadas estuvo escondido y sin sacarse del baúl para los grandes productores americanos. Si a mediados de siglo las películas con historias cantadas triunfaban y llenaban los cines, esa tradición se perdió, aunque luego fue recuperada para convertirla en una auténtica fiebre.

Los musicales siempre han llenado teatros en Estados Unidos; si la meca del cine es Hollywood, la de los escenarios de tablas de madera es Broadway, a donde también aspiran a llegar los que se dedican a la actuación. Un género tan clásico que fue dado de lado durante casi veinte años por las productoras hasta que despertó de su letargo para volver a hacer saltar las cajas de caudales de los cines.

Los dorados años 50

Los años 50 fueron la primera época dorada del musical en el cine. Personajes de la talla de Gene Kelly eran los actores más reconocidos, y sus películas se contaban por éxitos de taquilla. De esta época nos quedan clásicos, como “Leven Anclas”, en la que aparecía un joven Frank Sinatra y que por primera vez juntaba la animación con la imagen real en una película; “Bailando bajo la lluvia”, en la que el propio Kelly realizaba un baile mientras le caía un chaparrón y cantaba la conocida canción chapoteando por las aceras. O “Siete novias para siete hermanos”, una película coral donde bailaban hasta construyendo un granero.

También de esta época destaca “My fair lady”, la película basada en el mito del Pygmalion, en la que Audrey Hepburn conquistaba a medio mundo mientras su leyenda escribía sus primeras palabras. Ya en los 60, la gran historia de amor por antonomasia, “West Side History”, la batalla de barrio ente americanos y portorriqueños, y una habitual de las televisiones en vacaciones, “Sonrisas y lágrimas” con su “do es trato de varón…”.

Todo lo que baja, tiene que subir

Los setenta y los ochenta fueron menos prolíficos, o por lo menos no fueron creadores de películas para el recuerdo como las de años anteriores. Aún así, nos quedará siempre la gomina de Travolta bailando alrededor de Olivia Newton John en “Grease” o Liza Minelli maquillada y haciendo que la vida fuese un auténtico “Cabaret”.

La crisis que sufrió a partir de esos años se vio superada con el renacimiento del género. Para eso, tuvo que llegar un destello de color, movimiento, música y baile en la persona de “Moulin Rouge”. Era el año 2001 y Ewan McGregor y Nicole Kidman se enamoraban al ritmo de las versiones de las canciones más conocidas por el público en el París de finales del siglo XIX y principios del XX. Después del éxito, McGregor lo intentó con “Abajo con el amor”, pero no tuvo el mismo éxito haciendo pareja con Renée Zellweger.

La actriz estadounidense también venía de triunfar en uno de los musicales más aclamados de los últimos tiempos, “Chicago”, donde compartía cartel con Richard Gere y Catherine Zeta-Jones. La película fue todo un éxito y se llevó seis Oscars de la Academia, el de Mejor Película incluido.