Ayer se pudo leer en varios medios de comunicación que el Goya recibido por Albert Solé había sido robado en la sala donde los ganadores celebraban la fiesta posterior a la Gala.
El realizador, premiado por su documental Bucarest, la memoria perdida, había dejado la estatuilla en el guardarropa de un local madrileño al que acudió junto a los premiados en la vigésimo tercera edición de los Goya.
Nocturnidad y alevosía
El disgusto de Albert Solé fue descomunal, algo bastante lógico por otra parte, si tenemos en cuenta que, además, la estatuilla tenía un valor sentimental importante para el director, que basa el grueso de la historia en la enfermedad que sufre su padre, el ex político Jordi Solé Tura.
Todo el mundo se echó las manos a la cabeza ya que el premio es una obra única realizada por artesanos y que tiene un precio que oscila entre los 900 y los 2.400 euros.
Secuestro de película
Pero como en las mejores películas la historia ha tenido un final feliz. El diario El mundo revela hoy que fue un crítico de cine en paro el que se llevó el premio de la fiesta, con fines reivindicativos. El método del robo fue sencillo. “Dame mi abrigo y el Goya” asegura el crítico que fueron sus palabras, y que la encargada del ropero se los dio sin más.
El hombre en cuestión no tuvo intención, según ha declarado él mismo, de quedárselo en ningún momento, al entender la terrible situación por la que debería estar pasado Albert Solé
El rescate también fue de película, ya que el “secuestrador” del busto se citó con un periodista del diario en el Templo de Debod, Madrid, para entregarle la estatuilla metida dentro de bolsas de plástico.
La reivindicación del crítico-secuestrador estaba clara: denunciar el sectarismo del cine español, donde tras intentar publicar sus trabajos tuvo que dedicarse a otras actividades ya que según él: “el del cine es un mundo cerrado, lleno de amiguismos, donde es imposible encontrar un puesto de trabajo si no tienes un buen enchufe”.
La noticia ha quedado en una mera anécdota pero, es cierto, que algunas de las manifestaciones de este peculiar ladrón son bastante certeras. ¿Es tal vez el momento de plantearse el motivo real por el que la crisis del cine español perdura en el tiempo?
